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Mizpa

Estoy huyendo

Para quien vive una adicción, aunque por fuera todo siga funcionando.

Aquí nadie te va a poner un nombre ni te va a regañar. No te vamos a pedir que dejes nada hoy. Solo que mires un poco, si quieres.

Donde leas «consumir», pon lo tuyo: el trago, las drogas, las apuestas, la pantalla hasta la madrugada, el trabajo que no para.

Si hoy piensas en hacerte daño, o si tiemblas y te sientes muy mal cuando pasas horas sin consumir, ve primero a las líneas de ayuda. Lo demás puede esperar.

¿Esto es para mí?

Marca las que te pasan. Responde en silencio: nada de esto se guarda ni se envía.

Si marcaste una o más, esta puerta es para ti.

No es falta de fuerza

Casi nadie consume para destruirse. Muchas veces se consume para no sentir algo que no se sabe enfrentar. El trago, las drogas, el juego o la pantalla son el con qué. Lo que de verdad importa es el de qué.

Y si te ha pasado que paras y vuelves, no eres el único. Eso no es falta de fuerza: es falta de herramientas, y a veces también de ayuda médica. La recaída no es el final del camino. Es un lugar desde donde también se vuelve.

Para un día malo

Antes de empezar: si consumes fuerte todos los días, sobre todo alcohol, y al pasar unas horas sin consumir tiemblas, sudas o te sientes muy mal, tu cuerpo necesita un médico antes que este ejercicio. Dejarlo de golpe puede ser peligroso.

El día después. El cuerpo pesa, la cabeza no da, y llega la culpa hablando duro. Ese día no se piensa en grande ni se jura nada: los juramentos hechos con el cuerpo cansado no aguantan el peso. Ese día se sobrevive, y sobrevivirlo bien ya es ganar.

Tres cosas chiquitas:

  1. Bota lo que quede. Lo que sea que usas para irte de tu cabeza, si queda algo, sácalo de tu casa ya. Sin guardar un poquito por si acaso: ese poquito es la próxima vez esperándote.
  2. Respira. Siéntate, pon las manos quietas y toma aire despacio, cinco o seis veces. Y háblate como le hablarías a alguien que quieres y que amaneció mal: ya pasó, estás aquí, hoy no tienes que resolverlo todo.
  3. Escribe una sola frase. A mano, en un papel. No un juramento: una frase de hoy. Puede ser esta: Hoy no me voy a castigar. Por ahora, con hoy alcanza.

Y si la culpa te vuelve a hablar duro, respóndele. Ella te dice: mira lo que hiciste. Tú le respondes: mira lo que estoy haciendo.

Adaptado del libro «Para cuando huyes».

Dos libros escritos desde adentro

Cuando dejé de huir cuenta cómo es la huida por dentro y cómo se empieza a volver, escrito por alguien que también huyó. Para cuando huyes es un libro corto de ejercicios para leer en un día malo, como el de arriba.

Los dos están en camino. Si quieres que te avisemos cuando salgan, escríbenos.

Quiero que me avisen

La otra mitad

Y si alguien que te ama no sabe cómo acompañarte, también tiene su puerta.

Me estoy quedando